Lo que empresarios e inversores necesitan comprender sobre el impuesto sobre herencias y donaciones y por qué la liquidez debe formar parte de la planificación.
Por Priscila Campos
Una familia puede tener un patrimonio suficiente para perdurar durante generaciones y, aun así, enfrentar dificultades para pagar los costos de su transmisión.
Esta posibilidad merece la atención de quienes han construido una empresa, acumulado bienes inmuebles o mantienen inversiones en Brasil y en el exterior.
Al evaluar el patrimonio, normalmente comenzamos por el valor de los bienes. Para preparar su continuidad, debemos añadir otra pregunta: ¿cuánto costará transmitirlos y de dónde saldrán los recursos?
Entre los costos se encuentra el ITCMD, impuesto que grava las herencias y donaciones, cuyo límite máximo nacional es del 8 %. La tasa efectivamente aplicable depende de la legislación del estado competente y de las características de la transmisión. El 8 % es un límite, no un cobro automático sobre todo el patrimonio.
Comprender esta diferencia es el primer paso para evaluar el tema con precisión.
Lo que el 8 % puede representar en la práctica
Considere, como ejemplo ilustrativo, una transmisión con una base imponible de R$ 10 millones.
Si la tasa efectiva aplicable fuera del 8 %, el ITCMD ascendería a R$ 800 mil. Sobre una base de R$ 20 millones, en las mismas condiciones hipotéticas, serían R$ 1,6 millones solamente en impuestos.
El cálculo real exige analizar la legislación pertinente, la progresividad, la composición de la transmisión y las posibles exenciones. El ejemplo ayuda a dimensionar una cuestión empresarial importante: la necesidad de contar con recursos disponibles.
Si el patrimonio está concentrado en inmuebles y participaciones societarias, ¿cómo se realizará ese pago? ¿La familia tendrá reservas? ¿Será necesario vender un bien? ¿Podrá la empresa seguir operando sin una retirada extraordinaria de recursos?
Es en esta intersección entre tributación y disponibilidad financiera donde la planificación adquiere una función concreta.
El valor declarado no pone fin al análisis
Otro punto relevante es la base sobre la cual se calculará el impuesto.
La Ley Complementaria n.º 227/2026 establece el valor de mercado como base de cálculo del ITCMD y prevé criterios específicos para las participaciones societarias. Para cuotas y acciones que no se negocien en las condiciones previstas por la ley, exige una metodología técnicamente adecuada y parámetros mínimos de valoración. El análisis también debe considerar la legislación de la entidad federativa competente.
Por eso, el empresario debe evaluar cuidadosamente la diferencia entre el valor histórico registrado y el valor considerado a efectos de la transmisión.
Una estimación realizada sin esta verificación puede generar una percepción incompleta del costo.
En mi trabajo con la estructuración empresarial y las operaciones internacionales, considero esencial trabajar con información consistente antes de discutir cualquier reorganización: composición de los activos, documentación, criterios de valoración, responsabilidades y objetivos del titular.
Tener patrimonio y tener liquidez son condiciones diferentes
Imagine una familia con inmuebles de valor considerable y una participación en una empresa rentable.
La situación patrimonial puede ser sólida. Aun así, la venta de los inmuebles puede llevar tiempo y el dinero de la empresa puede estar comprometido con el capital de trabajo, los empleados, los proveedores y las inversiones.
Durante una sucesión, las necesidades de la familia siguen existiendo. Al mismo tiempo, surgen trámites y costos relacionados con la transmisión.
Si esta necesidad de efectivo no se ha evaluado, la familia puede enfrentarse a decisiones difíciles: vender un activo en condiciones desfavorables, buscar financiación o revisar sus inversiones.
Planificar la liquidez significa preparar recursos para que una transición pueda producirse con mayor capacidad de elección.
Una sociedad holding debe evaluarse por lo que resuelve
Ante esta preocupación, muchos empresarios buscan una respuesta inmediata: constituir una sociedad holding, anticipar donaciones o reorganizar participaciones.
Estas alternativas deben examinarse según la realidad de cada caso. La mera existencia de una estructura no permite concluir que los costos de transmisión estarán resueltos.
Antes de cualquier decisión, considero necesario comprender:
- Qué objetivo pretende alcanzar la reorganización.
- Qué impuestos y gastos pueden surgir.
- Cómo quedará el control de los bienes y de la empresa.
- Qué costos de mantenimiento se asumirán.
- Cómo tendrá la familia acceso a la información y a los recursos.
Por eso no hago recomendaciones genéricas de estructuras ni de profesionales específicos. Una elección de esta importancia exige que el titular comprenda el problema y pueda evaluar la solución presentada.
Para quienes poseen activos en el exterior, el análisis debe coordinarse
Los empresarios e inversores con patrimonio internacional deben incluir los activos en el extranjero en el inventario y examinar las normas aplicables a su situación.
La ubicación de los bienes, la residencia fiscal, la titularidad y los procedimientos sucesorios son datos relevantes para esta evaluación.
También considero importante verificar cómo podrán utilizarse los recursos y quién coordinará los documentos y los trámites en cada país.
Una organización internacional exige claridad para el titular y para las personas que podrán asumir responsabilidades en el futuro.
Cómo comenzar esta preparación
El primer paso es reunir una visión actualizada del patrimonio: bienes, participaciones, inversiones, deudas y garantías asumidas.
A continuación, es necesario estimar los costos de transmisión conforme a las normas aplicables y compararlos con la liquidez disponible. Este análisis permite identificar necesidades de efectivo y evaluar alternativas con antelación.
La preparación también debe abarcar la empresa. ¿Quién podrá tomar decisiones? ¿Qué facultades están formalizadas? ¿Cómo continuará la operación durante una ausencia del fundador?
Estas respuestas acercan la planificación a la realidad de quienes emprenden e invierten.
El futuro exige recursos y decisiones preparadas
El porcentaje de hasta el 8 % llama la atención porque puede representar una cantidad considerable. Su principal contribución a esta reflexión es hacer visible una responsabilidad que merece incluirse en la agenda.
Quienes han construido un patrimonio necesitan conocer los costos que implica su continuidad y preparar las condiciones para que la familia pueda administrarlos.
Preservar un legado también significa evitar que la próxima generación tenga que decidir bajo presión cómo pagar por la transmisión de lo que ha recibido.
Como empresaria, considero que este cuidado forma parte de la responsabilidad de construir con una visión a largo plazo.
Si su familia tuviera que realizar esta transmisión hoy, ¿sabría cuánto podría costar y de dónde provendrían los recursos?